—Métete en la puta papelera—
me empujó y se fue rápido. Segundos después un profesor pasó alumbrado por mi
lado. Intenté hacer el menos ruido posible aguantando la respiración, una mano
cogió mi camisa y tiró hacia arriba, me alegró saber que sólo era él— Por las
noches la vacían— ¿No debería habermelo dicho antes de empujarme? Al menos no
me había llenado de porquería.
Bordeamos el campo y J.J entró por el agujero de una
valla de metal cerrada. El cartel rogaba “Prohibido el paso”. Le imité y me
rasgué la piel con uno de los hierros al pasar, ahora la rodilla me escocía. Un
patio pequeño y abandonado se extendía ante mí, había un coche abandonado y
malas hierbas por do quier.
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