jueves, 8 de octubre de 2015

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J.J me abordó antes de poder subir las escaleras —Déjame hablarte, por favor — le miré a los ojos, no, Nina mal, a los ojos no. 
Miré al reloj grande que alumbraba en el edificio de clases con desesperación —Dos minutos — cerré el tema- 
—No quería hacerte daño.
—Pues me lo hiciste — soné dura. 
Pensó un poco —No era mi intención. 
—Te dije que parases y no lo hiciste, y no sólo fue contra la pared, fue todo el camino al supuesto despacho del director. —se mordió el labio inferior y miró a su alrededor —Te queda un minuto — le recordé. 
—Abre la ventana, por favor. 
—Mira Jonan... no sé qué líos te traes...
—Hazlo — impuso. 
—¡No!— chillé — Estoy harta de tus normas y tus revotes, no me mandas, no lo haré, ¿me escuchas?— cerré los puños y subí las escaleras enfadada. 
Me tumbé en la cama y me tapé lo máximo posible.
No hacía más que dar vueltas, no podía dormir, pensar, pensar y pensar, eso era todo, esto no estaba bien.
Me giré precipitadamente cuando una mano fría entró en contacto con mi piel. 
—¿Qué? ¿Cómo has entrado? — me toqué la frente confusa, estaba segura de que había cerrado la ventana.

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Dependiendo de la actitud que hubiésemos tenido durante la semana nos dejaban pedir pizza con el dinero de nuestra familia. ¿Sabéis qué? No me importaría pasarme los días en el campus así. Amigas, comida, chicos y dormir, eso sí, quitando el accidente con Josh.
Conocerle ha sido la cosa más ridícula del mundo.
Poco después de las diez Steve vino a buscarme a la residencia con la excusa de que me iba a ayudar con mis amadas matemáticas.
—Te he echado de menos — comentó y sonreí. Nada de muestras de afecto en público, bien, nos separaba una distancia considerable pero cuando me condujo debajo de las gradas del campo de fútbol la cosa cambió. No se separó de mí en todo el tiempo que estuvimos juntos. Le hablé de mis bolsas de comida y él me respondió sonriendo en cada palabra que salía por mi boca, él me hacía bien.
Le conté cosas de mi mejor amiga mientras él me contaba qué había hecho después de cenar. Todo parecía en calma hasta que sonó el toque de queda.
—Debemos irnos — me besó.
Josh se hubiese quedado... me prohibí pensar en eso.
— Sí— le correspondí el beso, sin pasar a segunda base, nada de movimiento de lengua, no por ahora.
Cada uno fue hacia su residencia, el toque de queda dejaba unos minutos de margen en fin de semana.

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Estuve hablando con Steve por el móvil todo lo que quedaba de tarde, no sé cómo había conseguido mi número, pero me alegró saber que se preocupaba por mí.
Tuve que inventarme el supuesto motivo por el cual fui al despacho del director, era obvio que no le iba a contar lo que había pasado con J.J, no era una situación que quisiere recordar a menudo, o al menos no muy de seguido.
En realidad no sabía absolutamente nada de él, no podía tomarme esas confianzas.
Hice una lista de las características que destacaban de él.
Es violento, controlador, persistente, obsesivo, poco aficionado a seguir las normas, le gusta el deporte pero en cambio fuma, todas las chicas quieren ser las afortunadas para estar con él, cuanto más le presionas más huye, siempre se sale con la suya... Y un largo etc.
Caí en la cuenta...dios mío...es detestable. Arrugué el papel y lo tiré a una papelera que tenía encima una pequeña canasta. Encesté y me contabilicé punto en la pizarra que teníamos en la habitación. Nina 1- Kate 42- Ly-37. Vamos mejorando, supongo.
Le conté a Kate lo que había pasado y me repitió una y otra vez que tuviese cuidado, y en el caso de que volviese a pasar, me defendiera.
La cena de hoy no estuvo tan mal, sobre las demás cosas que dicen que son comestibles, claro está.
El sábado llegaba el correo y varias amigas me enviaron comida basura que guardé como un tesoro.

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—Tu amiguito ya se habrá ido— se rio.
—¿De qué coño vas?— le empujé con ambas manos en el pecho lo más fuerte que pude.
Me cogió de las dos manos y me empujó fuerte contra la pared — No se te ocurra volverme a poner la mano encima —subió mis dos brazos por encima de mi cabeza y los sostuvo sólo con una mano. Me estaba haciendo daño.
—Me duele...— susurré y cerré los ojos fuerte. Me dejó bajarlos y se acercó imprudentemente a mi cuello.
—¿Por qué eres tan difícil?— posó su frente en mi clavícula y dio un golpe a la pared que estaba muy cerca de mi cabeza. Cerré los ojos y tragué saliva. Cuando los volví a abrir ya se estaba yendo.
Me toqué el pecho e intenté calmarme y comprobar que mi corazón seguía por ahí. Caminé a paso lento a los baños y me eché agua por la nuca y luego en la cara. Salí cabizbaja pero me encontré de nuevo con él.
—Perdóname — se le veía sombrío, con la mirada perdida.
—Haz el favor de no dirigirte a ti más —dije calmada.
—Vamos Nina... —titubeó.

— No sé qué es esta estúpida relación de ventanas e  incumplimiento de normas, pero sí sé que no llega a ningún sitio —dije enfadada —Veta ya, joder — Hice lo que me dijo, no ponerle una mano encima, pasé a su lado sin rozarle, entré en mi residencia, tenía bastantes cosas que comentarle a Kate y mucho odio que alimentaría a mi mejor amiga. 

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—No esperaba que fueses así —apretó más su agarre sobre mi brazo — ¿Al primer día?
—Ese es mi problema — me defendí enfada— Ya déjame estúpido — me sacudí y logré salir de su mano que amenazaba con arrancarme el brazo de cuajo.
—Está claro que no puedo dejarte sola —suspiró.
—Pues lo harás —aclaré — Me voy con el director.
—Ni si quiera te ha llamado — dijo en un susurro y miró hacia otro lado.
— ¿Qué?— no me contestó y siguió con la mirada fija en otro lado. Me giré y me coloqué delante de él exigiendo una respuesta.
Se metió las manos en los bolsillos y cogió aire —Eso, no me mires así.
—Ya que tanto te gustan las malditas preguntas te voy a hacer yo una — dije perdiendo los estribos — ¿Por qué sabías dónde estaba?— pensaba dejar pasar el tema del director por alto si me contestaba a esto.
— Te seguí— empezó a andar sin darle importancia y le seguí.
—¡¿Qué?! ¿Por qué?—grité.
—No sé, me aburría.

—¿Podrías ser maduro sólo por una puta vez en tu vida y contestar con sinceridad?

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—Rápido — no contestó.
—Bueno, en un rato voy — apreté más fuerte la mano de Steve y él sonrió.
—Tenemos cosas mejores que hacer J.J—sonrió.
—Que te vayas ya — Ya empezamos con su asquerosa severidad.
—Vale, vale... —rodé los ojos y me levanté. Steve se quedó tumbado — ¿Vienes?
—¿Eres sorda? ¿Qué queréis que vayamos los tres a tomar el té con el director? ¿Eres idiota? ¡Tú sola!— le miré queriendo asesinarle.
—¡No me llames idiota, idiota!
Tensó la mandíbula y me miró. Odio. Eso había en sus ojos.
—Déjalo Nina, tiene razón, me quedaré un rato esperándote, si no vuelves pronto ya nos vemos mañana.
—Bien ...— di el brazo a torcer, para en cambio él coger el mío para que me agachase. Iba a besarme pero me aparté — ¿Qué clase de chica crees que soy? No doy el beso en la primera cita — sonreí y le guiñé un ojo — Hasta luego— le toqué la nariz cariñosamente.
J.J tiró de mi brazo y casi me hace caerme al suelo — Venga.
—Me estás haciendo daño — me quejé cuando tiraba de mí y me apretó más fuerte, intenté soltarme — Me sé el camino, tranquilo.
— ¿No decías "que se dejasen de interesar"?— citó mis palabras y puso voz de tonto.

—Es que es guapo —repetí. No me reconocía a mí misma. ¿Desde cuándo doy una oportunidad a alguien sólo por ser guapo?

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—Bueno no estamos aquí para hablar de él— me cogió de le mano y jugueteó con mis dedos — Estamos para hablar de nosotros dos — le miré.
—¿De qué se supone que debemos hablar? — Espera, ¿había preguntado algo? Tal vez estaba demasiado ida haciendo la lista imaginaria de por qué J.J es un imbécil y sus múltiples razones para no salir con él.
—Es obvio que me gustas.
Creo que si hubiese tenido alguna comida o bebida en mi boca en ese momento lo hubiese escupido todo.
—Pero si sólo llevamos aquí una semana... — me calló con un beso. Casto. Labio con labio. Sin movimiento. Simple.
Alguien carraspeó y saltó un arbusto, me aparté sonriendo de Steve y mantuve contacto visual con él hasta que giré la cabeza.
J.J estaba mirándome —¿Interrumpo algo?— Oh, sí, claro que sí, LO INTERRUMPES TODO. Le di la mano a Steve y miré el acto para mirar de nuevo a J.J y hacer señales con la cabeza para que se fuese — Te llama el director —comentó.
—¿Cómo sabías que estaba aquí?— fruncí el cejo.

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— Oye... ¿tú y J.J sois algo más...?
Me reí nerviosamente lo más alto que pude — ¿Yo?, ¿J.J?— volví a reír como una maniática — ¡Por favor, no! No, no, no y mil veces no — negué con la cabeza. En realidad sí, sí, sí, no es como si no lo hubiese pensando antes. — Somos amigos, sólo amigos —recalqué. Vaya, eso dolió — Sería estúpido, él, yo vaya locura —repetí.
—Nina...tranquila sólo pregunté — reí maniáticamente.
—Ya, pero es que es estúpido que pienses eso — negué con el corazón a mí por hora — J.J y yo...por favor — repetí negando y poniendo cara de asco.

Si sólo tiene unos estúpidos ojos azules, unos estúpidos abdominales, una estúpida dentadura lisa y blanca, un estúpido pelo perfectamente desordenado acorde con su personalidad, sólo es un estúpido jugador atlético de fútbol, que por favor, sólo piensa en su popularidad, sólo es un estúpido creído que puede pasar por el encima del bien del mal,  y su pelo huele a coco, y sus labios son finos y rosados como si estuviesen tallados, con esas estúpidas manos grandes y formadas y esa estúpida risa que hace que todo quede en segundo plano, con esa actitud de chulo y prepotente, con esas estúpidas visitas suyas a mi ventana y su estúpida manera de hacerme sentir bien con cada una de ellas, y ese estúpido afán por hacerme reír cuando pienso que todo está mal y también de rabiar, y de meterse en mis planes cuando nadie le invitó cuando en el fondo quería que estuviese apuntado el primero y esa estúpida espalda marcada, junto esa estúpida clavícula que le sobresalía cuando hacía movimientos al hablar y que apostaba a que estaba suave y besable, Oh dios mío, nada queda decir de ese bello rubio que se ve en su piel cuando le da el sol, y ni muchos menos mencionar la nuez que posee en su garganta y me gustaría besar, ni mucho menos del color grisáceo que se le forma en los ojos cuando está ausente, y el azul cuando está contento, incluso el verde cuando se ve concentrado... Espera... ¿qué decía? Me perdí… Oh, sí, ¿J.J y yo? JÁ, qué tontería. 

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— En plan serio... — pensé —Uno en verdad, ¿tú?
—No sé a lo que se refieren con eso de enamorarse — se apartó un poco de mí y lo agradecí.
—No entiendo —admití.
— Yo nunca lo he hecho, nunca he sufrido porque me hayan dejado o algo por el estilo —se tumbó y apoyó su mejilla en la palma de su mano para no caerse y mirar hacia mi dirección.
—Dios, te envidio tanto, qué suerte tienes...es lo peor del mundo, sin duda supera cualquiera malestar físico...es decir cuando una persona pasa a ser tu medicina, tu metadona, tu insulina, y se va... lo primero que sientes es un dolor dentro que se extiende hasta llegar a todo tu cuerpo, y vomitas, y lloras, y no puedes comer o comes de más, y vuelves a llorar, y cuando a los meses se pasa el dolor físico que no es tan pronunciado como antes, viene el peor del dolor psicólogo que se pasa ahí meses, años a veces toda la vida, es un asco, no merece la pena enamorarse  — jugueteé con mis dedos en el regazo—  Hablando de esto... — dije intentando sonar casual — ¿J.J, sabes quién es?— asintió — ¿Sabes...hmm...sabes si ha tenido alguna novia o algo así? —miré hacia otro lado como si no me interesase la respuesta.
—Ajá, él sí se enamoró — miré al cielo intentando parecer despreocupada pero escuchando muy atentamente — Desde ahí cambió — le miré e hizo una mueca — Ahora es como... — buscó la palabra — Más borde, es, no permite que nadie se acerque a él, ¿entiendes?

Asentí— Borde...—repetí en voz baja — Me suena —sonreí. 

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—Obvio — recalqué.
—Pero de ahí a que sólo me dedico a eso... Estoy acostumbrado a que me busquen a mí, y luego ya busco a la que más me conviene.
—¿Cómo te gustan las chicas?— le miré y arranqué pedazos de hierba del suelo.
—Pues... —pensó — Sanas, cariñosas, que den la cara por mí, que me esperen después de cada entrenamiento, que se interesen por mí y me pregunten...
Me reí —Soy todo lo contrario — Comencé — Mataría por comer comida basura, no soy muy cariñosa, depende del día en verdad—hice una mueca— Siempre llego tarde, y sobre lo de preguntar supongo que sí que sería capaz, si de verdad quiero saber sobre esa persona, si no me aburriría. —dije sin entusiasmo.
—Pero tú me gustas así — me puso un mechón de pelo detrás de la oreja y sonreí —No cambiaría nada de ti. — me sonrojé.
Lo admito. Sigo sonriendo cuando alguien me da los buenos días si me ve por la calle, sigo sonrojándome con el piropo más cutre que me pudiesen soltar.
—Soy un desastre.
—A mí me pareces bonita, divertida y diferente a las demás — me estaba incomodando con sus ojos clavados en mí.
—Eso está bien, supongo— susurré.

—¿Cuántos novios has tenido?— tornó.

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Salí de la residencia colocándome el pelo hacia un lado  y ahí estaba como me prometió.
—Hola —sonrió. ¿Alguna vez dejaría de sonreír? Espero que no, por favor Steve no te calmes nunca.
Le miré sonriendo en forma de respuesta y él sonrió aún más, ¿era eso posible?  Sí, parece que sí.
Y la respuesta era no, nunca dejaría de sonreír.
Paseamos hablando esta vez un poquito más de mí y nos tumbamos en los jardines, el cielo estaba despejado, pero el otoño empezaba a amenazar con su llegada, y las hojas se debilitaban con cada ráfaga de viento.
—¿Sabes?— comenté y se giró a mirarme —Todo el mundo me ha dicho que no quede contigo.
Puso cara de ofendido y luego sonrió —¿Por qué?
Reí— Se supone que sólo estamos aquí por algo que quieres a cambio de mí, eso y que haces lo mismo con cada chica.

—Meh — se encogió de hombros restándole importancia — No te creas lo que diga la gente, yo nunca he "entrado" a ninguna, ellas a mí —sonreí — Es obvio que todos hemos estado alguna vez con alguien anteriormente. 

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—No— negó —Quería asegurarme. Pasó su brazo por la mesa hasta llegar a mi mano y la acarició levemente. Sonreí.
La conversación estuvo animada, dentro de lo que cabe, porque en el fondo era todo muy él, fútbol, él, él y el fútbol, el fútbol y él y vuelta a empezar.
Quedamos en que me recogería en dos horas porque debía entrenar y me despidió de la misma forma que me saludó. Con un beso en la mejilla.
Las chicas se miraron entre sí y luego volvieron a dirigirme la mirada —Te los llevas a todos de calle — se burlaron de mí.
—Deberías decirle eso a Tammi — le miré al otro lado en la mesa de "los populares".
—Bueno, ella necesita enseñar su cuerpo para que alguien la haga caso, tú, no — rieron unas cuentas.
Miré a J.J que estaba en esa mesa poniéndose dos cucharas en los ojos y dos patatas fritas como colmillo haciendo completamente el tonto. Sonreí abiertamente. —Sólo hemos hablado un par de veces— comenté sin prestar atención y mirando hacia J.J
—Y hoy saldréis — me aclaró Kate.
—Me enseñará el exterior — le quité importancia y volví la vista hasta mi plato.
—Creo que quiere enseñarte algo diferente... —dejó caer y se rieron todas mientras yo le miré de muy mala forma — ¿Qué? Es verdad, su mente se basa en fútbol, popularidad y chicas, es más fácil que el un, dos, tres.
—Bueno... —decidí dejar el tema por mi bien. Lo que me dijeran no me haría cambiar de opinión. Mi abuelo decía que siempre había que dar una oportunidad a la gente antes de juzgarle, y así lo haría.


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—Hola — me sonrojé y se sentó. —Llevó llamándote como por dos minutos y estabas muy concentrada mirando la comida— mis mejillas iban a explotar en cualquier momento. Nunca entendí por qué había nacido tan distraída pero era algo que intentaba sobrellevar desde que tengo memoria.
Un profesor me hizo una seña que entendí como la pregunta de su me estaba molestando y negué.
—¿Qué tal dormiste?— puso su bandeja encima de la mesa y las demás miraron curiosas.
—Bastante bien —admití y empezó a comer.
—El próximo martes habrá partido, ¿vendrás?
—Allí estaré —sonreí.
—Me tienes que animar — me guiñó un ojo.
—¿Cómo no?— le devolví la sonrisa— Llevaré un cartel con luces de neón enorme en el que ponga "ARRIBA STEVE" — rio y me tranquilicé al escucharle.
—¿Lo de hoy sigue en pie?— levantó la cabeza del plato con un tono de duda en su voz. ¿Por qué él toma patatas fritas y yo esto que se supone que era un filete?
—Sí, ¿o te ha surgido algo importante?— pregunté sin mucho interés. Me decidí a comer, de alguna manera tendría que sobrevivir, ¿me sacarían de la escuela por desnutrición o sólo me llevarían a enfermería? Mi mente barajeaba las opciones para salir de aquí 7/24 (Los siete días de la semana y las veinticuatro horas del día)

¿Sabéis ese dicho de que las apariencias engañan? Pues no. Con el filete no funcionaba. Se veía horrible, sabía peor. 

Capítulo 8. Página 52.

Apuré al máximo el tiempo en la cama hasta que me tuve que levantar obligatoriamente para comer. Si por mi fuese pediría que me trajesen la comida a la cama.
Cuando entré me dirigí a la mesa que tenía por habitual y escuché a Carolina, que contaba algo referido con el viaje del fin de curso. Al que por supuesto no estaba emocionada ni entusiasmada por ir, ¿cuál sería el mejor destino para ese viaje? Mi ciudad y mi gente. Fácil. Barato pero a la vez complicado para toda mi santa familia.
Me hubiese gustado decir que estaba muy emocionada escuchando su conversación y debatiendo propuestas e ideas, pero mi mente estaba ocupada pensando en que daría mi alma al diablo por comer una pizza, echaba de menos comer lo que me apeteciese y no tener que intoxicarme con la comida que ponían por aquí.
Nota mental; Averiguar por qué los filetes de supuesta ternera sabían a sopa de marisco. Amén.
Tal vez eran filetes de rata con tierra, agua, los desperdicios de las clases de química, metidos en gambas y pasados por la sartén. Creedme, eso era de todo menos un filete. Lo cogí con el tenedor y lo tiré desde una distancia bastante irrespetable para las demás, a las que la salpicó ese líquido asqueroso marrón.

Alguien me dio en beso en la mejilla y luego giró la mesa para quedar en frente de mí. Steve. Hoy se veía aún más guapo, si eso era posible, claro.