—No
esperaba que fueses así —apretó más su agarre sobre mi brazo — ¿Al primer día?
—Ese es mi problema — me defendí enfada— Ya déjame estúpido — me sacudí y logré salir de su mano que amenazaba con arrancarme el brazo de cuajo.
—Ese es mi problema — me defendí enfada— Ya déjame estúpido — me sacudí y logré salir de su mano que amenazaba con arrancarme el brazo de cuajo.
—Está claro
que no puedo dejarte sola —suspiró.
—Pues lo
harás —aclaré — Me voy con el director.
—Ni si
quiera te ha llamado — dijo en un susurro y miró hacia otro lado.
— ¿Qué?— no
me contestó y siguió con la mirada fija en otro lado. Me giré y me coloqué
delante de él exigiendo una respuesta.
Se metió
las manos en los bolsillos y cogió aire —Eso, no me mires así.
—Ya que
tanto te gustan las malditas preguntas te voy a hacer yo una — dije perdiendo
los estribos — ¿Por qué sabías dónde estaba?— pensaba dejar pasar el tema del
director por alto si me contestaba a esto.
— Te seguí—
empezó a andar sin darle importancia y le seguí.
—¡¿Qué?!
¿Por qué?—grité.
—No sé, me
aburría.
—¿Podrías
ser maduro sólo por una puta vez en tu vida y contestar con sinceridad?
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