— En plan
serio... — pensé —Uno en verdad, ¿tú?
—No sé a lo
que se refieren con eso de enamorarse — se apartó un poco de mí y lo agradecí.
—No
entiendo —admití.
— Yo nunca
lo he hecho, nunca he sufrido porque me hayan dejado o algo por el estilo —se
tumbó y apoyó su mejilla en la palma de su mano para no caerse y mirar hacia mi
dirección.
—Dios, te
envidio tanto, qué suerte tienes...es lo peor del mundo, sin duda supera
cualquiera malestar físico...es decir cuando una persona pasa a ser tu
medicina, tu metadona, tu insulina, y se va... lo primero que sientes es un
dolor dentro que se extiende hasta llegar a todo tu cuerpo, y vomitas, y
lloras, y no puedes comer o comes de más, y vuelves a llorar, y cuando a los
meses se pasa el dolor físico que no es tan pronunciado como antes, viene el
peor del dolor psicólogo que se pasa ahí meses, años a veces toda la vida, es
un asco, no merece la pena enamorarse —
jugueteé con mis dedos en el regazo—
Hablando de esto... — dije intentando sonar casual — ¿J.J, sabes quién
es?— asintió — ¿Sabes...hmm...sabes si ha tenido alguna novia o algo así? —miré
hacia otro lado como si no me interesase la respuesta.
—Ajá, él sí
se enamoró — miré al cielo intentando parecer despreocupada pero escuchando muy
atentamente — Desde ahí cambió — le miré e hizo una mueca — Ahora es como... —
buscó la palabra — Más borde, es, no permite que nadie se acerque a él,
¿entiendes?
Asentí—
Borde...—repetí en voz baja — Me suena —sonreí.
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