—Hola — me
sonrojé y se sentó. —Llevó llamándote como por dos minutos y estabas muy
concentrada mirando la comida— mis mejillas iban a explotar en cualquier
momento. Nunca entendí por qué había nacido tan distraída pero era algo que
intentaba sobrellevar desde que tengo memoria.
Un profesor
me hizo una seña que entendí como la pregunta de su me estaba molestando y
negué.
—¿Qué tal
dormiste?— puso su bandeja encima de la mesa y las demás miraron curiosas.
—Bastante
bien —admití y empezó a comer.
—El próximo
martes habrá partido, ¿vendrás?
—Allí
estaré —sonreí.
—Me tienes
que animar — me guiñó un ojo.
—¿Cómo no?—
le devolví la sonrisa— Llevaré un cartel con luces de neón enorme en el que
ponga "ARRIBA STEVE" — rio y me tranquilicé al escucharle.
—¿Lo de hoy
sigue en pie?— levantó la cabeza del plato con un tono de duda en su voz. ¿Por
qué él toma patatas fritas y yo esto que se supone que era un filete?
—Sí, ¿o te
ha surgido algo importante?— pregunté sin mucho interés. Me decidí a comer, de
alguna manera tendría que sobrevivir, ¿me sacarían de la escuela por
desnutrición o sólo me llevarían a enfermería? Mi mente barajeaba las opciones
para salir de aquí 7/24 (Los siete días de la semana y las veinticuatro horas
del día)
¿Sabéis ese
dicho de que las apariencias engañan? Pues no. Con el filete no funcionaba. Se
veía horrible, sabía peor.
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