— Oye...
¿tú y J.J sois algo más...?
Me reí nerviosamente
lo más alto que pude — ¿Yo?, ¿J.J?— volví a reír como una maniática — ¡Por
favor, no! No, no, no y mil veces no — negué con la cabeza. En realidad sí, sí,
sí, no es como si no lo hubiese pensando antes. — Somos amigos, sólo amigos
—recalqué. Vaya, eso dolió — Sería estúpido, él, yo vaya locura —repetí.
—Nina...tranquila
sólo pregunté — reí maniáticamente.
—Ya, pero
es que es estúpido que pienses eso — negué con el corazón a mí por hora — J.J y
yo...por favor — repetí negando y poniendo cara de asco.
Si sólo
tiene unos estúpidos ojos azules, unos estúpidos abdominales, una estúpida
dentadura lisa y blanca, un estúpido pelo perfectamente desordenado acorde con
su personalidad, sólo es un estúpido jugador atlético de fútbol, que por favor,
sólo piensa en su popularidad, sólo es un estúpido creído que puede pasar por
el encima del bien del mal, y su pelo
huele a coco, y sus labios son finos y rosados como si estuviesen tallados, con
esas estúpidas manos grandes y formadas y esa estúpida risa que hace que todo
quede en segundo plano, con esa actitud de chulo y prepotente, con esas
estúpidas visitas suyas a mi ventana y su estúpida manera de hacerme sentir
bien con cada una de ellas, y ese estúpido afán por hacerme reír cuando pienso
que todo está mal y también de rabiar, y de meterse en mis planes cuando nadie
le invitó cuando en el fondo quería que estuviese apuntado el primero y esa
estúpida espalda marcada, junto esa estúpida clavícula que le sobresalía cuando
hacía movimientos al hablar y que apostaba a que estaba suave y besable, Oh dios
mío, nada queda decir de ese bello rubio que se ve en su piel cuando le da el
sol, y ni muchos menos mencionar la nuez que posee en su garganta y me gustaría
besar, ni mucho menos del color grisáceo que se le forma en los ojos cuando
está ausente, y el azul cuando está contento, incluso el verde cuando se ve
concentrado... Espera... ¿qué decía? Me perdí… Oh, sí, ¿J.J y yo? JÁ, qué
tontería.
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