Dependiendo
de la actitud que hubiésemos tenido durante la semana nos dejaban pedir pizza
con el dinero de nuestra familia. ¿Sabéis qué? No me importaría pasarme los
días en el campus así. Amigas, comida, chicos y dormir, eso sí, quitando el
accidente con Josh.
Conocerle
ha sido la cosa más ridícula del mundo.
Poco
después de las diez Steve vino a buscarme a la residencia con la excusa de que
me iba a ayudar con mis amadas matemáticas.
—Te he
echado de menos — comentó y sonreí. Nada de muestras de afecto en público,
bien, nos separaba una distancia considerable pero cuando me condujo debajo de
las gradas del campo de fútbol la cosa cambió. No se separó de mí en todo el
tiempo que estuvimos juntos. Le hablé de mis bolsas de comida y él me respondió
sonriendo en cada palabra que salía por mi boca, él me hacía bien.
Le conté
cosas de mi mejor amiga mientras él me contaba qué había hecho después de
cenar. Todo parecía en calma hasta que sonó el toque de queda.
—Debemos
irnos — me besó.
Josh se
hubiese quedado... me prohibí pensar en eso.
— Sí— le
correspondí el beso, sin pasar a segunda base, nada de movimiento de lengua, no
por ahora.
Cada uno
fue hacia su residencia, el toque de queda dejaba unos minutos de margen en fin
de semana.
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