jueves, 8 de octubre de 2015

Capítulo 8. Página 52.

Apuré al máximo el tiempo en la cama hasta que me tuve que levantar obligatoriamente para comer. Si por mi fuese pediría que me trajesen la comida a la cama.
Cuando entré me dirigí a la mesa que tenía por habitual y escuché a Carolina, que contaba algo referido con el viaje del fin de curso. Al que por supuesto no estaba emocionada ni entusiasmada por ir, ¿cuál sería el mejor destino para ese viaje? Mi ciudad y mi gente. Fácil. Barato pero a la vez complicado para toda mi santa familia.
Me hubiese gustado decir que estaba muy emocionada escuchando su conversación y debatiendo propuestas e ideas, pero mi mente estaba ocupada pensando en que daría mi alma al diablo por comer una pizza, echaba de menos comer lo que me apeteciese y no tener que intoxicarme con la comida que ponían por aquí.
Nota mental; Averiguar por qué los filetes de supuesta ternera sabían a sopa de marisco. Amén.
Tal vez eran filetes de rata con tierra, agua, los desperdicios de las clases de química, metidos en gambas y pasados por la sartén. Creedme, eso era de todo menos un filete. Lo cogí con el tenedor y lo tiré desde una distancia bastante irrespetable para las demás, a las que la salpicó ese líquido asqueroso marrón.

Alguien me dio en beso en la mejilla y luego giró la mesa para quedar en frente de mí. Steve. Hoy se veía aún más guapo, si eso era posible, claro. 

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