Apuré al
máximo el tiempo en la cama hasta que me tuve que levantar obligatoriamente
para comer. Si por mi fuese pediría que me trajesen la comida a la cama.
Cuando
entré me dirigí a la mesa que tenía por habitual y escuché a Carolina, que
contaba algo referido con el viaje del fin de curso. Al que por supuesto no
estaba emocionada ni entusiasmada por ir, ¿cuál sería el mejor destino para ese
viaje? Mi ciudad y mi gente. Fácil. Barato pero a la vez complicado para toda
mi santa familia.
Me hubiese
gustado decir que estaba muy emocionada escuchando su conversación y debatiendo
propuestas e ideas, pero mi mente estaba ocupada pensando en que daría mi alma
al diablo por comer una pizza, echaba de menos comer lo que me apeteciese y no
tener que intoxicarme con la comida que ponían por aquí.
Nota mental;
Averiguar por qué los filetes de supuesta ternera sabían a sopa de marisco.
Amén.
Tal vez
eran filetes de rata con tierra, agua, los desperdicios de las clases de
química, metidos en gambas y pasados por la sartén. Creedme, eso era de todo
menos un filete. Lo cogí con el tenedor y lo tiré desde una distancia bastante
irrespetable para las demás, a las que la salpicó ese líquido asqueroso marrón.
Alguien me
dio en beso en la mejilla y luego giró la mesa para quedar en frente de mí.
Steve. Hoy se veía aún más guapo, si eso era posible, claro.
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