—Obvio —
recalqué.
—Pero de
ahí a que sólo me dedico a eso... Estoy acostumbrado a que me busquen a mí, y
luego ya busco a la que más me conviene.
—¿Cómo te
gustan las chicas?— le miré y arranqué pedazos de hierba del suelo.
—Pues...
—pensó — Sanas, cariñosas, que den la cara por mí, que me esperen después de
cada entrenamiento, que se interesen por mí y me pregunten...
Me reí —Soy
todo lo contrario — Comencé — Mataría por comer comida basura, no soy muy
cariñosa, depende del día en verdad—hice una mueca— Siempre llego tarde, y
sobre lo de preguntar supongo que sí que sería capaz, si de verdad quiero saber
sobre esa persona, si no me aburriría. —dije sin entusiasmo.
—Pero tú me
gustas así — me puso un mechón de pelo detrás de la oreja y sonreí —No
cambiaría nada de ti. — me sonrojé.
Lo admito.
Sigo sonriendo cuando alguien me da los buenos días si me ve por la calle, sigo
sonrojándome con el piropo más cutre que me pudiesen soltar.
—Soy un
desastre.
—A mí me
pareces bonita, divertida y diferente a las demás — me estaba incomodando con
sus ojos clavados en mí.
—Eso está
bien, supongo— susurré.
—¿Cuántos
novios has tenido?— tornó.
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