—Tu
amiguito ya se habrá ido— se rio.
—¿De qué
coño vas?— le empujé con ambas manos en el pecho lo más fuerte que pude.
Me cogió de
las dos manos y me empujó fuerte contra la pared — No se te ocurra volverme a
poner la mano encima —subió mis dos brazos por encima de mi cabeza y los
sostuvo sólo con una mano. Me estaba haciendo daño.
—Me
duele...— susurré y cerré los ojos fuerte. Me dejó bajarlos y se acercó
imprudentemente a mi cuello.
—¿Por qué
eres tan difícil?— posó su frente en mi clavícula y dio un golpe a la pared que
estaba muy cerca de mi cabeza. Cerré los ojos y tragué saliva. Cuando los volví
a abrir ya se estaba yendo.
Me toqué el
pecho e intenté calmarme y comprobar que mi corazón seguía por ahí. Caminé a
paso lento a los baños y me eché agua por la nuca y luego en la cara. Salí
cabizbaja pero me encontré de nuevo con él.
—Perdóname
— se le veía sombrío, con la mirada perdida.
—Haz el
favor de no dirigirte a ti más —dije calmada.
—Vamos
Nina... —titubeó.
— No sé qué
es esta estúpida relación de ventanas e incumplimiento
de normas, pero sí sé que no llega a ningún sitio —dije enfadada —Veta ya,
joder — Hice lo que me dijo, no ponerle una mano encima, pasé a su lado sin
rozarle, entré en mi residencia, tenía bastantes cosas que comentarle a Kate y
mucho odio que alimentaría a mi mejor amiga.
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