miércoles, 25 de febrero de 2015

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Me giré. El chico de antes. —Me llamo Josh—inició de nuevo la conversación.
—Bien, Josh ¿por qué eres tan pesado? — me fijé en su sonrisa.
—Josh Jonan, pero todos me llaman J.J — miró hacia otro lado moviendo la piernas y pasándose la lengua por el labio inferior con una sonrisa.
—¿Qué quieres? —le corté.
Miró a las demás, se volvió a reír y rodó su mirada hacia la mía—¿Qué pasa? ¿No quieres hablar conmigo?
—¿De verdad tengo que contestarte a eso? —sonreí y di otro mordisco.
Un profesor se acercó a paso rápido a nosotros.—¿Te está molestando? —se refería a él.
Le miré y luego bajé la mirada hacia J.J que miraba al profesor—Sí. —sonreí y seguí con la manzana.
—Venga Josh—le cogió de la parte de arriba de la camisa.
Puso su brazo en la mesa y su cara se pegó a mí. Sus ojos me dejaron paralizada.
—Al menos dime como te llamas. — sus ojos se clavaron imponiéndome contestar, su cara seria, la voz ronca golpeando muy cerca de mí. El profesor tiró de él y me miró con más desesperación.
Borré la sonrisa de mi cara —Nina— susurré.
Me giré y le vi soltarse de la mano del profesor, marchó con los demás a su  mesa y me miró de nuevo a lo que se la devolví, luego giró la cabeza e intento seguir el ritmo a la conversación de sus amigos, que estaban riendo. 


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—Puedo enseñarte el instituto si terminamos de cenar antes del toque de queda. —dejó caer. 
—¿Toque de queda? —abrí los ojos.
—Ajá, a partir de las 22:30 está prohibido salir de la residencia. — suspiré.
Me acomodé en la cama que quedaba, hacía esquina y estaba al lado de la ventana. La cama era pequeña, no me gustaba. La habitación era lo más simple del mundo, un armario, tres mesillas, una cómoda, una silla, y ya. La otra chica había dejado sus cosas pero no estaba, así que salimos al pasillo y fuimos a la sala donde se encontraban la mayoría de las chicas. Un sofá, una mesa, varias sillas, un ordenador y una televisión. Demasiado básico todo…me parece que va a ser un curso muy largo…
—Es hora de cenar—me comentó.
Asentí y me llevó hasta el comedor. Era largo y amplio, no tenía luz natural, se encontraba en el último piso del edificio de clases, era el primer sitio en el que veía compartir una sala entre chicos y chicas, aunque un profesor también controlaba cada conversación. Había una línea imaginaria a la mitad del comedor que separaba las mesas por sexos. Sólo vi a un chico enfrente de otra chica. Cogí mi bandeja y seguí la dirección a la que iba toda la gente, la cocinera me echó algo, que seguro que no era comestible con desgana y lo miré con cara de asco.
Fui hacia la mesa y me senté en frente de Kate cuando más chicas se unieron a la mesa a lo que se presentaron con una sonrisa. Iba a tener que fingir amabilidad, lo llevaba haciendo todo el día. Cogí con desgana la manzana y la pasé de mano en mano jugueteando y escuchando las conversaciones de las otras chicas, que se basaban en lo que se habían echado de menos en verano. Alguien se sentó a mi lado y mordí la manzana

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¿Excelente? ¿Cómo iba a ser excelente? Esto parece una cárcel. Nada más que normas y más normas. Me dirigí a secretaría que me dio todo lo que el director la había dicho. La mochila era color vino y tenía el escudo de la escuela grabado en el centro, como en todo aquí, las ropa, los cuadernos, incluso las paredes y el suelo, era horrible. No se podía pasar si quiera por un pasillo que no te recordase en la puta mierda de cárcel en la que te encontrabas.
Salí del edificio de clases y miré con anhelo la puerta de barrotes negros que indicaba la salida, las iniciales del internado también grabadas en la puerta, había pinchos en el final de cada barrote. Estaba bastante lejos de mí pero desde lo alto de las escaleras se veía casi todo. Para ser sincera, esto era bastante grande. Me puse de puntillas e intenté ver más allá del muro que mataba poco a poco mi libertar. Me pareció ver un coche, dios, echaba tanto de menos a mis amigas…
—No te preocupes te acostumbras— la voz de Kate sobresaltándome—sólo es el primer día. —me sonrió amablemente.
—Debe ser eso…—dejé caer.

Me condujo hasta la residencia. Dios, debía admitir que el exterior, los jardines y todo era bastante bonito, sólo por lo que había visto. Unas letras de metal grandes colgando en la pared de ladrillos. —Residencia de chicas—leí en alto. Kate asintió y entramos. Había una sala de estar para todas, lo bueno es que me había tocado con una chica maja en la habitación, por lo visto mi habitación estaba en la planta más baja de todas.

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Entré en el despacho del director cuando terminé las clases.

—Siéntate Nina—levantó la vista —Tenemos que hablar—me senté como dijo— repasaremos un poco las normas— dios odiaba las normas y desde que había entrado aquí no habían hecho otra cosa que imponérmelas —Cada vez que te castiguen, tendrás que venir aquí. A los profesores tienes que tratarles con el máximo respeto, señor o señora— me toqué la falsa con ganas de romperle la cara— El trato entre chicas y chicos estará penalizado…—siguió hablando mientras yo no le hacía caso—¿Nina? —me llamó. Parpadeé varias veces—como decía—prosiguió— Pasa por secretaria a recoger la ropa para las dientes clases, te mostraremos un mapa de la residencia y de cuál es tu habitación. Las duchas y la sala para lavar la ropa se encuentra en la planta de abajo. —me levanté de la silla—Ah, por cierto, tendrás que cambiarte de mochila— la miré, era perfecta, estaba decorada a mi estilo, con mis grupos favoritos bordados en ella. Asentí desesperada. —Se me olvidaba… algo que suelen hacer mucho las que entran nuevas y está rotundamente prohibido. No se puede usar bajo ningún concepto aparatos electrónicos. En ese caso las profesoras de tu residencia pueden imponerte un castigo severo— toqué mi móvil que se escondía debajo de la cremallera de mi mochila y volví a asentir —Buenos días señorita, y espero que tengas un excelente año en nuestra escuela.

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—Sé que os sabéis las normas —nos repasó con la mirada una profesora— Pero la chica nueva, no, así que hay que repetirlas. Todas me miraron con cara de asco, perfecto ya me odiaban todas—En la piscina debe a ver una disciplina y una serie de normas estrictas, quién las incumpla se llevará su determinado y merecido castigo— la profesora iba con un chándal y procuraba no enseñar absolutamente nada —Número uno…—comenzó.
Yo me metí en mis pensamientos y no la hice caso alguno. Ya sabía una de las chicas con la que compartiría habitación, pero vete tú a saber quién sería la otra, y peor aún, vete tú a saber quién querría acercarse a la nueva.

                                                                        *

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Tenía miedo de exponer mi cuerpo a no sé cuántas chicas nuevas sin conocerlas de nada por una estúpida clase.
La piscina se veía grande y el escudo del colegio estaba grabado en los azulejos del fondo.
—Aquí no se puede entrar con zapatos—una profesora con la falda más oscura que la mía me regañó.
—Perdón—suspiré y tiré hacia los vestuarios,
Muchas chicas se cambiaban y otras tantas ya estaban listas, fui lo más atrás posible que pude a sentarme en uno de los bancos.
—Hola, Kate, compartimos habitación—me ofreció la mano—tu ropa está aquí—me la pasó. El bañador era horrible.
—Emmm…sí—dudé y lo cogí.
—Puedes dejar tu ropa aquí.
—Bien—se la veía algo tímida, su color de pelo tiraba a pelirrojo pero se quedaba en castaño.

Me cambié lo más rápido posible intentando pasar desapercibida y la seguí.

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—Es el primer día del curso, relájate—rio.
—Sólo digo que como alguna profesora te vea en este pasillo te castigarán…—empecé a andar.
Me adelantó—Estoy seguro de que mentirás por mí, que dirás que soy el chico amable que solo te mostraba el instituto, porque tú perdiste este papel—me lo quitó de las manos y lo miró con desgana, lo puso detrás de su espalda.
—Dámelo—dije en tono amenazante.
—¿O qué? —se rio.
—Dámelo—repetí perdiendo la poca paciencia que tenía.
—Debes saber que…—su mano presionando mi mandíbula, ¿acaso me iba a asfixiar? — como aquí todo es monotonía, y tú eres algo nuevo todos van a estar pendientes de ti.
—Diles que pierdan interés— mi voz sonaba bastante dura.
—Estoy seguro de que te gustará que te lo presten. —sonrió y me ofreció el papel.
—Por lo que veo estás seguro de muchas cosas sin apenas conocerme—se lo arranqué de las manos. —Adiós. — di media vuelta mirando al papel.
—Tú siguiente clase no está por ahí—se rio.
—Me da igual—le grité y giré el pasillo decidida. Bien, natación

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—Pasa y siéntate— busqué con la mirada un sitio libre y me tocó en la primera fila, cómo no. Ahora me sudaban hasta las manos, todas las chicas me estaba mirando, lo sentía. ¿No lo había dicho? El instituto se dividía en chicos y chicas. Había unas normas muy claras. Residencia para chicas y residencia para chicos Pasillos para chicas y pasillos para chicos. Clases para chicas y clases para chicos y así sucesivamente.
Me tapé la cara con el pelo y abrí con desgana un cuaderno. Intenté atender a la clase sin cruzar palabra con nadie. Me cogí el pelo y repasé con los dos dedos las puntas. Mirándolas con desgana. Mis manos arrastrándose por la mesa. Sonó la alarma que indicaba la siguiente hora y guardé los libros con pesadez y dejé las hojas que me habían dado sobre la mesa. Salí de la clase con el papel en la mano.
—Por lo visto las chicas no deben ser buenas, ¿fumas? —giré la cabeza, el chico de la entrada esperando una respuesta por mi parte.
Suspiré—Sí.
—¿Puedo invitarte a uno? —el paquete de tabaco guardado en el bolsillo de la camisa al lado de su pecho y su mano mostrando el borde.
—¿No se supone que no se puede fumar aquí? —me subí más la mochila.
—Puede—sonrió.
—¿Por qué estás en este pasillo? —le corté.

Página 3.

—¿Qué tal?
Me encogí de hombros hacia él y miré a mi tía.
—Hemos estado hablando. — no la perdonaría jamás que me encerrase aquí.
—Pues habla—suspiré.
—Bien, sabemos que no tienes el mejor historial del mundo— se me formó una sonrisilla y rodé los ojos— pero también sabemos que tienes potencial de sobra y que puedes sacar el curso perfectamente, hemos decidido darte una oportunidad —Me quedé seria, no sé si creían que me entusiasmaba entrar en el instituto—Puedes ir a tus clases—asentí—¿Sabes tú horario?
—Sí…bueno.
—me levanté de la silla y cogí la mochila, la dejé caer en uno de mis hombros. Salí de la habitación y mi tía imitó el proceso —No me dejes aquí—supliqué.
—Estudia, sé que puedes—me besó la frente.
—¿Esa es tu forma de librarte de mí? —grité y se giró sin contestarme, genial. Miré el mapa, primera hora, idiomas. Al menos eso se me daba bien. Bajé las escaleras y busqué la clase. Parecía una estúpida, bastantes personas me miraban mientras yo fijaba la vista en las hojas que me habían dado. Llamé a la puerta y entré. Giraron la vista hacia mí y yo miré hacia otro lado incómoda.
—Nina, ¿verdad?
—Ajá—me atreví a decir.

Capítulo 2. Página 2.

Unos calcetines altos cubrían la mitad de mis piernas y la corbata no paraba de hacerme rozadura en el cuello. Cuando entré me di cuenta de lo que me esperaba, un gran jardín delante de mí con vayas del mismo color que la de la puerta situadas, la insignia del instituto en cada lado al que miraba. Decidí seguir a la gente, para saber dónde ir…o al menos donde ubicarme, anduve sin sentido alguno y me quedé quieta en el hall, escaleras de madera separadas terminando en una misma dirección, baldosas perfectamente limpias, gente totalmente disciplinada y…ahí estaba yo, sin saber si quiera a quién acudir. Leí el letrero de Secretaria y anduve hacia la ventana.
—Ummm...¿hola? —Miré a través—Soy la nueva
—Ah, sí, te están esperando. Toma este es un mapa del instituto y estas son las clases que tienes hoy. Ve al despacho del director.
—Vale…—cogí los papeles—No sé dónde está jefatura—admití agachando la cabeza.
—Mira el mapa—sonrió
Lo miré y fruncí el ceño…esto era enorme—Umm…— le encontré y me dirigí a paso pesado. Llamé a la puerta y alguien levantó la vista.

—Ven, siéntate— extendió el brazo dejándome la silla. Al lado estaba mi tía. Suspiré y dejé caer la mochila en el suelo, me senté al lado de ella.

viernes, 20 de febrero de 2015

Capítulo 1. Página 1.


Podéis llamarme Nina, pero toda la gente me llama "la nueva" o  "el bicho raro". Y sí, así es. Instituto nuevo, nuevas zorras a las que soportar. Miedo escénico. No tengo ni idea de como será el nuevo instituto. Avancé con pasos temblorosos hacia la puerta extraña, mi tía había encontrado un trabajo que estaba bien, y había decidido mudarse aquí... lo que ella no sabía es que me está acarreando un problema más que añadir a mi lista. 
Echaba de menos a mis amigas, a mi cuidad, a poder relacionarme con alguien. Me encendí un cigarrillo a lo que varias chicas se giraron con asco a mirarme. Giré la cabeza y seguí a lo mío ¿De verdad creían que me iba a importar que me mirasen mal? Me apoyé a la pared de piedra con una pierna levantada y di una calada fuerte. Un chico al otro lado entre toda la gente intimidándome, clavándome su mirada. Su corbata girada y el nudo echo con poco cuidado, las mangas de su camisa remangadas hasta los codos. La chaqueta y la mochila tiradas en el suelo, pelo castaño, ojos claros, pantalones más bajados de lo que seguro se lo permitirían en este instituto y un cigarrillo bailoteándo en sus labios con una sonrisa mientras me miraba. Mi mirada rodó hasta los demás amigos que hacían el tonto a su aldedor. 
La sirena sonó y mi mirada se desvió a la puerta. La falda del uniforme me estaba sacando de quicio y la corbate cada vez se apretaba más a mi cuello. 
Era hora de entrar, eché un leve vistazo hasta el chico que seguía mirándome y volví la cabeza al frente. Bienvenida al infierno Nina.