—Es el
primer día del curso, relájate—rio.
—Sólo digo
que como alguna profesora te vea en este pasillo te castigarán…—empecé a andar.
Me adelantó—Estoy
seguro de que mentirás por mí, que dirás que soy el chico amable que solo te
mostraba el instituto, porque tú perdiste este papel—me lo quitó de las manos y
lo miró con desgana, lo puso detrás de su espalda.
—Dámelo—dije
en tono amenazante.
—¿O qué?
—se rio.
—Dámelo—repetí
perdiendo la poca paciencia que tenía.
—Debes saber
que…—su mano presionando mi mandíbula, ¿acaso me iba a asfixiar? — como aquí todo es monotonía, y tú
eres algo nuevo todos van a estar pendientes de ti.
—Diles que
pierdan interés— mi voz sonaba bastante dura.
—Estoy
seguro de que te gustará que te lo presten. —sonrió y me ofreció el papel.
—Por lo que
veo estás seguro de muchas cosas sin apenas conocerme—se lo arranqué de las
manos. —Adiós. — di
media vuelta mirando al papel.
—Tú
siguiente clase no está por ahí—se rio.
—Me da igual—le grité y giré el pasillo decidida.
Bien, natación
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