—Sé que os
sabéis las normas —nos repasó con la mirada una profesora— Pero la chica nueva,
no, así que hay que repetirlas. Todas me miraron con cara de asco, perfecto ya
me odiaban todas—En la piscina debe a ver una disciplina y una serie de normas
estrictas, quién las incumpla se llevará su determinado y merecido castigo— la
profesora iba con un chándal y procuraba no enseñar absolutamente nada —Número
uno…—comenzó.
Yo me metí
en mis pensamientos y no la hice caso alguno. Ya sabía una de las chicas con la
que compartiría habitación, pero vete tú a saber quién sería la otra, y peor
aún, vete tú a saber quién querría acercarse a la nueva.
*
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