¿Excelente?
¿Cómo iba a ser excelente? Esto parece una cárcel. Nada más que normas y más
normas. Me dirigí a secretaría que me dio todo lo que el director la había
dicho. La mochila era color vino y tenía el escudo de la escuela grabado en el
centro, como en todo aquí, las ropa, los cuadernos, incluso las paredes y el
suelo, era horrible. No se podía pasar si quiera por un pasillo que no te
recordase en la puta mierda de cárcel en la que te encontrabas.
Salí del
edificio de clases y miré con anhelo la puerta de barrotes negros que indicaba
la salida, las iniciales del internado también grabadas en la puerta, había
pinchos en el final de cada barrote. Estaba bastante lejos de mí pero desde lo
alto de las escaleras se veía casi todo. Para ser sincera, esto era bastante
grande. Me puse de puntillas e intenté ver más allá del muro que mataba poco a
poco mi libertar. Me pareció ver un coche, dios, echaba tanto de menos a mis
amigas…
—No te
preocupes te acostumbras— la voz de Kate sobresaltándome—sólo es el primer día.
—me sonrió amablemente.
—Debe ser
eso…—dejé caer.
Me condujo
hasta la residencia. Dios, debía admitir que el exterior, los jardines y todo
era bastante bonito, sólo por lo que había visto. Unas letras de metal grandes
colgando en la pared de ladrillos. —Residencia de chicas—leí en alto. Kate
asintió y entramos. Había una sala de estar para todas, lo bueno es que me
había tocado con una chica maja en la habitación, por lo visto mi habitación
estaba en la planta más baja de todas.
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