miércoles, 25 de febrero de 2015

Página 4.

—Pasa y siéntate— busqué con la mirada un sitio libre y me tocó en la primera fila, cómo no. Ahora me sudaban hasta las manos, todas las chicas me estaba mirando, lo sentía. ¿No lo había dicho? El instituto se dividía en chicos y chicas. Había unas normas muy claras. Residencia para chicas y residencia para chicos Pasillos para chicas y pasillos para chicos. Clases para chicas y clases para chicos y así sucesivamente.
Me tapé la cara con el pelo y abrí con desgana un cuaderno. Intenté atender a la clase sin cruzar palabra con nadie. Me cogí el pelo y repasé con los dos dedos las puntas. Mirándolas con desgana. Mis manos arrastrándose por la mesa. Sonó la alarma que indicaba la siguiente hora y guardé los libros con pesadez y dejé las hojas que me habían dado sobre la mesa. Salí de la clase con el papel en la mano.
—Por lo visto las chicas no deben ser buenas, ¿fumas? —giré la cabeza, el chico de la entrada esperando una respuesta por mi parte.
Suspiré—Sí.
—¿Puedo invitarte a uno? —el paquete de tabaco guardado en el bolsillo de la camisa al lado de su pecho y su mano mostrando el borde.
—¿No se supone que no se puede fumar aquí? —me subí más la mochila.
—Puede—sonrió.
—¿Por qué estás en este pasillo? —le corté.

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