—¿Qué tal?
Me encogí de
hombros hacia él y miré a mi tía.
—Hemos
estado hablando. — no la
perdonaría jamás que me encerrase aquí.
—Pues habla—suspiré.
—Bien,
sabemos que no tienes el mejor historial del mundo— se me formó una sonrisilla
y rodé los ojos— pero también sabemos que tienes potencial de sobra y que
puedes sacar el curso perfectamente, hemos decidido darte una oportunidad —Me
quedé seria, no sé si creían que me entusiasmaba entrar en el instituto—Puedes
ir a tus clases—asentí—¿Sabes tú horario?
—Sí…bueno. —me levanté de la silla y cogí la mochila, la dejé caer en uno de mis hombros. Salí de la habitación y mi tía imitó el proceso —No me dejes aquí—supliqué.
—Sí…bueno. —me levanté de la silla y cogí la mochila, la dejé caer en uno de mis hombros. Salí de la habitación y mi tía imitó el proceso —No me dejes aquí—supliqué.
—Estudia, sé
que puedes—me besó la frente.
—¿Esa es tu
forma de librarte de mí? —grité
y se giró sin contestarme, genial. Miré el mapa, primera hora, idiomas. Al
menos eso se me daba bien. Bajé las escaleras y busqué la clase. Parecía una
estúpida, bastantes personas me miraban mientras yo fijaba la vista en las
hojas que me habían dado. Llamé a la puerta y entré. Giraron la vista hacia mí
y yo miré hacia otro lado incómoda.
—Nina,
¿verdad?
—Ajá—me atreví a decir.
—Ajá—me atreví a decir.
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