Entré en el
despacho del director cuando terminé las clases.
—Siéntate
Nina—levantó la vista —Tenemos que hablar—me senté como dijo— repasaremos un
poco las normas— dios odiaba las normas y desde que había entrado aquí no
habían hecho otra cosa que imponérmelas —Cada vez que te castiguen, tendrás que
venir aquí. A los profesores tienes que tratarles con el máximo respeto, señor
o señora— me toqué la falsa con ganas de romperle la cara— El trato entre
chicas y chicos estará penalizado…—siguió hablando mientras yo no le hacía caso—¿Nina?
—me llamó. Parpadeé varias
veces—como decía—prosiguió— Pasa por secretaria a recoger la ropa para las
dientes clases, te mostraremos un mapa de la residencia y de cuál es tu
habitación. Las duchas y la sala para lavar la ropa se encuentra en la planta
de abajo. —me levanté de la silla—Ah, por cierto, tendrás que cambiarte de
mochila— la miré, era perfecta, estaba decorada a mi estilo, con mis grupos
favoritos bordados en ella. Asentí desesperada. —Se me olvidaba… algo que suelen hacer mucho las que
entran nuevas y está rotundamente prohibido. No se puede usar bajo ningún
concepto aparatos electrónicos. En ese caso las profesoras de tu residencia
pueden imponerte un castigo severo— toqué mi móvil que se escondía debajo de la
cremallera de mi mochila y volví a asentir —Buenos días señorita, y espero que
tengas un excelente año en nuestra escuela.
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