—Ahí te he visto— me felicitó —Vayamos
debajo de las gradas antes de que vuelva con más profesores — era mucho más
simple cruzar la valla con la puerta abierta.
Seguí el paso rápido y
discreto e J.J sin cruzar palabra hasta llegar al lugar acordado.
—Me he manchado de grasa —
gemí mirándo mi camisa teñida de negro.
—Eso no sale— hizo una mueca
viendo la pronunciada mancha y se quitó botón a botón la suya —Ten.
—Es de chico, se darán cuenta —
susurré.
—Será peor que te vean con
grasa — me la volvió a ofrecer — Me encargaré de deshacerme de ella—cogió aire —
Cuando vayas a tu habitación escóndela y mañana ponte una de chica que se
encuentre en la sala de lavadoras, no importa a quién se la cojas, ¿has
entendido? —asentí, ¿se podía saber cómo demonios había acabado en esta
situación? Tenía que robar una camisa a una pobre chica — Vamos, ¿A qué estás
esperando? —dijo impaciente.
—¿aquí? —pregunté poniendo voz
de niña .
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