—Harás lo que te mande sólo así no nos pillaran.
—Por una vez, sí —reí.
—Va enserio Nina, si te digo que te agaches, lo haces
y si te sigo que corras también— hablaba con autoridad.
—Tu en otra vida eras padre, ¿no? ¿o sargento? — volví a reír. Rodó los ojos
y le seguí.
Hacia aire pero no frío. Conté dos profesores sólo
para salir de la residencia de chicas, y eso que había tenido incluso que
saltar un muro.
Nos dirigimos al edificio de
clases, lo atravesamos y apreció el campo de fútbol.
—Métete en la papelera —
susurró.
—¿Qué? — dije alarmada.
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