La ventana sonó y
sonreí ampliamente. Le abrí y entró —Dijiste que no abrirías— seguía serio.
—La verdad es que
me aburría bastante —sonreí y se sentó al lado mío en la cama— Tenemos que
hablar.
—Hoy saldremos— lo
decía como si estuviera seguro de que yo lo haría— Es noche de renovación de
tabaco— susurró sonriendo.
Yo querá saber su
edad, como sabía donde estaba siempre y por qué se interesaba tanto en escuchar
lo que hablaba con los demás pero lo dejé correr.
—
¿Hace frío?
—
No mucho,
—
No sé si está bien—dije sacándo una pierna por
la ventana.
—
Tú sólo salta, te
cogeré— salté, no era tan difícil, cerré la ventana sin echar el seguro, me di
media vuelta, le miré y cogí aire profundamente.
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