¿Por qué
hacía eso? Había perdido el control de forma increíble. Entré en la residencia
y…. no me lo esperaba, chicos corriendo de un lado a otro, toda clase de
objetos esparcidos por el suelo, paredes con goteras pintadas, chicos jugando a
la play, otros tantos subidos a la mesa del comedor lanzando bolas de papel
chupadas al techo, y, uno, el que más pena me dio, acorralado en una esquina
sin salida alguna dando dinero a otros tres. Tragué saliva. Todos se giraron
hacia mí, ninguna chica antes había tenido intención de entrar ahí y yo ya me
estaba arrepintiendo.
—¿Qué haces
aquí? — me bombardeó la
misma pregunta.
Me quedé
atónita cuando dos chicos perseguían a uno por los pasillos, hasta que le
consiguieron quitar la toalla que cubría su cintura, les oí reírse y cerré los
ojos.
Alguien me
había rodeado el hombro con su brazo y me alegré de que fuese J.J , me condujo
hasta su habitación y agradecí que cerrase la puerta, su habitación era un
desastre, la cama sin hacer, todo descolado, las sábanas manchadas de barro, el
papel que tapaba las paredes amenazaba con caerse del todo, la papelera estaba
a reventar y el color verde moco de la moqueta y el olor a humedad me mareó. Se
tiró sobre la cama sin quitarse a penas los zapatos y cruzó sus brazos por
encima de sus hombros.
—No sé qué
hago aquí—dije sinceramente.
—Suspender
conmigo—sonrió. —Digamos
que— me miro— Opción A: Ir a clase—negó— Opción B: Dar una vuelta por a fuera,
cosa que es peligroso—me sostuvo la mirada—Opción C: Enseñarte a hacer nudos de
corbatas—se rio— Opción D: Que recojas mi habitación—ahora la que negué fui yo,
cruzó la pierna en sus tobillos—Opción E: Sentarte a hablar conmigo.
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