La alarma
general sonó y esta vez me espabilé antes. Una nota al lado opuesto de mi
almohada desvió mi atención, el papel tenía grabado el escudo del instituto,
como no.
“Cierra
el seguro de la ventana cada vez que me vaya”
Me levanté y
lo giré, así nadie se daría cuenta. Guardé la carta en el bolsillo pequeño de
mi mochila e hice la cama rápido mientras buscaba desesperadamente una parte de
la almohada que oliese a su perfume, decidí no dejar correr más el tiempo, esta
vez no, ya sabía bien los horarios. A la hora de cambiarme procuré tapar la
ventana con una toalla. Me sentó muy mal lo que había hecho ayer Josh y no
admitiría que se volviese a repetir. Empezaba a pillar tranquillo al internado
y mi reto era incumplir todas las normas una por una, y ya llevaba una extensa
lista.
Saqué la
carta de Josh yendo hacia las clases, tenía una caligrafía limpia y bonita,
escribía recto y en tamaño pequeño para mi asombro, tal vez debería pedirle que
me escribiese las postales en navidad. Reí ante mi broma privada.
Los días
pasaban y Josh solía abordar mi ventana todas las noches, las chicas de la
residencia ya no me miraban con tanto asco, incluso a veces iba a la sala a
juntarme con las demás. Estaba cayendo en la rutina y no quería ni muerta,
necesitaba hacer algo diferente, distinto.
Mi
oportunidad llegó cuando Josh me propuso una de las mañanas no ir a clase.
—Nos castigarán —no dejé de andar.
—Vamos Nina,
es viernes—echó las manos al cielo— Diviértete.
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