—Bah— me
quejé y saqué el móvil. Quité la lámpara de la mesilla y lo puse a cargar.
—Dios, ¿eso
es un móvil? —Asentí—
están súper prohibidos. Alguien abrió la puerta y bloqueé la pantalla rápido,
nos echó una mirada.
—Voy a
cerrar la puerta—cogió las llaves. La misma llave abría y cerraba todas las
puertas. —Si queréis ir al baño llamadme ¿Por qué está la lámpara quitada?
Rogué a
todos los dioses que no se encendiera la pantalla del móvil y me inventé una
excusa—Tuvimos muchas clases, estamos cansadas.
—Sí—añadió
Kate. Dio un pequeño vistazo y cerró.—No puedes estar con el móvil, más
profesores andan fuera , con linternas para que no pueda irse nadie, si ven luz
vendrán.
—Tranquila—me
escondí debajo de las sábanas y encendí la pantalla.
—“Hola”
—Estaba en línea.
—“Hola…—tecleé
¿Gente con
linternas en los jardines y fuera de la residencia sin dejarnos si quiera
movernos de una habitación? ¿Pero qué era esto?
—“No me has
bloqueado”
Sonreí. —“No
me tientes”
—“¿Dónde
estás?
Fruncí el
ceño. —“En mi habitación, obvio”— Idiota
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