Sonrió—Es
que ninguna es tan tonta como tú, me gustan las que se cambian delante de las
ventanas—no paró de sonreír.
Rodeé los
ojos—¿No tienes clase? —
empecé a andar y se unió a mí, se encogió de hombros —Pues ve.
—No—le salió
una sonrisa leve—¿Qué haces hoy?
—Pensaba en
dormir—le expliqué— Luego iré a dar un paseo, a ver qué hay por ahí, y eso.
—Perfecto,
pasaré a recogerte.
—Nadie te
invitó—dije discretamente con una sonrisa momentánea. Dándome la enhorabuena a
mí misma.
—Ni falta
que hace—se alejó de mí y fue con sus amigos, le miré mientras se marchaba y
entré por la puerta de la residencia. Escondí el móvil entre el cabecero y la
pared de mi cama y me dejé llevar.
*
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