Su lengua
mojando su labio inferior mientras subíamos las escaleras—¿Por qué esa actitud?
—Explícate—le
miré seria.
—Ya sabes,
alejando a quién se acerca a ti.
—Ummmm…—tanteé
a buscar las palabras—Asumí hace tiempo que era mejor así cuando me hicieron
daño.
—¿Puedo
preguntar sobre ello? —me
miró.
—Mejor no—decidí.
Aun que daba una imagen de tío estúpido y superficial se estaba interesando por
ti y eso me hacía sentir bien.
—¿Por qué
fumas? —cambió de tema
Un gran
campo de césped de extendía delante de mí. Era enorme, él me condujo hasta unas
gradas azules hasta que subió el último escalón de ellas y se sentó sin mirarme—Calma
mis nervios—expliqué.
—Oh, bien—su
brazo extendido en mi respaldo y su pelo moviéndose hacia ninguna dirección
concreta por el viento. Sus ojos cambian de color según su estado de ánimo.
Ahora brillaban, el color gris de sus ojos decía a gritos que estaba relajado.
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