Un sonido
vibrante me despertó. Alcé la mano al móvil tanteando hasta encontrarlo y
respondí
—Me estoy
arriesgando a quedarme sin móvil sólo por llamar, ¿Cuándo coño sales?
Me froté la
cara. Dios es verdad. Lo bueno es que no tendría que pensar en qué ponerme o
no, uniforme. —Espérame en la puerta—dije con voz adormilada y colgué. Me
levanté de la cama. Con cepillarme los dientes sería suficiente.
Salí y
agradecí que aún hubiese luz solar. Ahí estaba plantado mirándome sin ninguna
expresión —¿Por qué las chicas tardáis tanto?
—Yo sólo me
dejé dormir—justifiqué mi retraso.
Rodó los
ojos—¿Dónde quieres ir? —
me encogí de hombros —Tenemos…—dudó— Un campo de futbol… muchas escaleras y
poco más— me encogí de hombros de nuevo—¿Algún día vas a decir algo?
—Ya te dije
que eres muy pesado—le recordé.
—Pues saca
tema tú, lista—me retó
—No sé—concluí,
aún tenía sueño
—Saco tema yo—sonrió—Ni
para eso sirves—suspiró.
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