Dios mío.
Tenían razón, no se podía ni pasar. Una fila de chicas esperando para darse una
simple ducha y una por encima de otra intentando mirarse en el espejo, chicas
cambiándose en cada rincón, Kate se acercó a mí—Usa mis cosas— No había caído,
el champú. Después de mil años de esperar por fin me tocó, ni si quiera lo
separaban con un plástico, no tenía intimidad. Me estaba sintiendo muy
incómoda. Me lavé el pelo lo antes posible y salí a mi habitación a vestirme,
hacer nudos de corbata se veía que no era lo mío. Dejé las cosas y cogí la
mochila. Salí de la residencia rápido, me tocaban prácticas en química y corría
peligro de explotar todo el laboratorio.
J.J apoyado
en la columna mirándome. Le crucé sin dirigirle la palabra —Ayer te fuiste a
dormir.
—Lo sé—tragué
saliva y me cogió del hombro, me paré —Llego tarde.
—Ni si
quiera sabes hacer un nudo de corbata—Sus manos en mi cuello rehaciendo el
estropicio que tenía por nudo — ¿Sabes? — levanté la barbilla y empezó a hablarme. —La gente siempre hace lo que yo les
diga—dijo fijando la vista en la corbata—Si te digo que te quedes, te quedarás—dijo
con toda la tranquilidad del mundo, como si supiese que la respuesta sería que
sí.
Le aparté
ambas manos de un manotazo. —¿Quién coño te crees que eres?
Se rio—Recuerda
lo que digo— se giró—Por cierto, bonito espectáculo el antes.
—¿Qué?
—grité mientras se iba alejando
más y más de mí
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