Había pasado una noche intranquila, extraña y poco normal, y estaba cansada, no quería saber qué fecha o qué hora era, si quiera el país dónde me encontraba, realmente si alguien hipotéticamente cogiese el instituto, lo llevase con ruedas hasta estar a miles de kilómetros de aquí, y lo quisiese plantar en el centro de Rusia ni me enteraría, es decir, no sé qué pasa fuera de aquí, no sé si se ha extinguido la raza humana, si los zombies han comido el cerebro a mi hermano o si ahora soy la chica más inteligente del mundo, y para ir más contra mi encierro, debo decir que hace un mes me inscribí en el sorteo de Domino's, ¿Y si he ganado y no lo sé?, ¿Y si mi familia recibe una pizza gratis cada semana y yo no estoy ahí para disfrutarlo? La vida es cruel y dura.
Con ayuda de mucha fuerza de voluntad (y también mucha fuerza de Kate al tirar de una pierna y sacarme de la cama en contra de mi voluntad) logré ponerme en pie, tocarme la frente y recordar que hoy vendría Carla de visita.
No es por intentar ponerme algo decente, porque aquí eso era imposible, pero tenía en mente arreglarme, aunque fuese un poquito, claro que con una falda escocesa y un polo con la insignia de mi cárcel no se podía hacer la gran cosa.
El otro día vi que los cultos de las animadoras tienen grabado el escudo del instituto en medio, justo dónde se situa el trasero, ¿eso también es de tu propiedad, director? Es decir, porque vaya asco, es como si estuvíesemos llevando peto naranja y nos tuviéseis agarrados de los pies y de las manos, en una fila ordenada con una cadena negra con esposas y nos hicieseis picar rocas en pleno sol. Enserio pienso, que un día de estos, aparezco rapada y con el tatuaje de mi número de lista grabado en la frente, escuchad lo que digo, id poniendo la denuncia, tendré razón y cuando lo demuestre seré rica.
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