- Estoy es agotador Carla, no puedes hablar de
cosas normales como que no puedes comprarte los últimos pitillos del centro
comercial, porque sus padres podrían comprar el centro comercial entero - miré
de un lado hacia otro- Todos parecen que van de clase en clase con caballo y
que cada vez que sale una palabra de su boca expulsa flores y arcoíris a la vez
- negué - Como si todos aquí no tuvieses nunca nada malo del todo que decirte,
pero luego lo dijesen a tus espaldas, como si su excusa es no querer insultarte
por no caer tan bajo, es como .. agr- me agarré la cabeza con ambas manos - Es
un estrés Carla, a mí siempre me han enseñado a decir lo que quiero, cuando
quiero, y decir aquí que quieres comerte una simple hamburguesa de esas con las
que te manchas la cara entera de kétchup es como decir que ayer asesinaste a
alguien con tus propias manos.
Ella sonrió despacio - Nina, no es tu mundo, y
me alegro de que esto, estar aquí y la gente de aquí no te hayan cambiado, tú
siempre preferirás unas adidas o unas converse a esos náuticos horriblemente
caros.
-Si vivieses aquí- negué y chasqueé la lengua-
Si quiera hay un par de personas que merezcan la pena.
-¿Qué?- abrió los ojos- ¿Quiénes?, pensaba que
estabas sola en este barco.
-Hay un chico...- dejé caer tocando el
dobladillo de mi polo blanco nerviosa.
-¿Cómo?- gritó y le mandé que bajase el tono
de voz con la mirada -¿Desde cuándo te gustan los...los...niños de papá?- dijo
regulando su tono de voz.
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