domingo, 22 de noviembre de 2015

Página 72.

Apreté su mano en señal de apoyo- ¿Ella sigue con él?

Asintió - Creo que están cerca de cumplir los diez meses, o los once- dijo sin ánimo y jugueteando con el dobladillo de su camisa.

-J.J...

-No, está bien- dijo en un tono suave.

-J.J , escúchame - insistí - La primera a veces no es la indica, sí es la que más marca, pero no la verdadera, la verdadera es la última, con la que te quedas y eliges tu final. Y estaré a tu lado para ver a la chica que eliges, que será tremendamente afortunada, y si hace falta te ayudo a conquistarla, te empujo y te acerco a ella o os encierro para que habléis. Yo estaré también en el final J.J, apretaré tu hombro, te cogeré de la nuca y te echaré para delante para que vayas con ella. Y te aplaudiré mientras te vayas.

Él sonrió débilmente y abrazó mi mano con dos de las suyas. Negó repetidas veces, carraspeó y dijo : - Es hora de seguir jugando.

Fruncí el ceño. Claro, J.J no se iba a mostrar débil, y menos ante mí - Está bien, prenda, por decir algo- dije sin más y me quité un calcetín - Te toca

-Vayamos a hacer la prueba- dijo inquieto, ¿A caso le había molestado lo de Marta?

Miré el reloj del despertador, casi las cuatro de la mañana, le miré de nuevo y asentí . -Vamos- saltamos la ventana, ahora con un poco más de práctica por mi parte.

-En mi residencia hay mil botes de spray - aseguró.

Simplemente asentí, callé y me dejé guiar. Entramos dónde él citó, como dijo, no estaba para nada supervisada, muchos chicos seguían jugando a la play y ni un profesor les prohibía hacerlo. Al lado de la mía esta residencia parecía una fiesta.

Cruzamos el pasillo y abrió el armario común - ¿Tu color favorito es el negro, no?- asentí. Cogió un bote y lo guardó en el bolsillo de su pantalón. -Una prueba, es una prueba- le seguí.

Me escondí detrás del arbusto que me dijo y aparté algunas de las hojas para ver la escena. Él caminó hasta los ladrillos, miró hacia ambos lados, sacó el bote de su bolsillo, lo agitó de arriba a bajo y empezó a escribir. En letras, no grandes, demasiado grandes, enormes. De vez en cuando lo movía haciendo un ruido sordo y volvía a pintar, no tardó la gran cosa en terminarlo y volver a mí.

-Y ya está - sonrió.

-Vale... nadie te puede decir que no tienes valor - sonreí de vuelta para sentenciar mi decisión - Es tarde, J.J, deberías dormir, buenas noches- le despedí con la mano.


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