domingo, 22 de noviembre de 2015

Página 75.

Así que con todo ese caos mental en mi cabeza me acerqué a la puerta para esperar su llegada, en cada visita se abría para luego volverse a cerrar, es como al pececito que sacas del agua y cuando ves que está apunto de asfixiarse, le metes en la pecera para a los segundos después volverle a torturar, así me sentía respecto a ver la libertad delante de mí y a los segundos sólo ver una puerta cerrada que no me dejaba paso a hacer nada.
Estaba nerviosa sin saber bien porque, la conocía de toda la vida...pero algo raro se estaba formando en ese punto de mi garganta y di gracias de no tener que llevar hoy la maldita corbata.
Caminé deprisa de un extremo otro del pasillo de piedra largo que daba entrada desde la puerta hasta dentro de forma agitada, esperaba verla venir, algo, que bajase de un coche con un par de cervezas y se riese de mí y de mi situación, que me abrazase, o no sé, algún contacto con mi antigua vida que ahora quedaba algo borrosa.
No pensé que no vendría, bien la conozco para saber que siempre llega tarde, al igual que yo, pero mis esperanzas se reducían segundo a segundo.
Una parte de mí se repetía que sí que iba a venir, porque me lo había prometido, y todo lo que me promete Carla lo hace, cumple, a rajatabla.
Me senté y apoyé mi cabeza contra la pared de piedra gris, estaba fría, pero eso era lo que ahora menos le importaba a mi espalda, miré hacia el cielo, estaba despejado, había gente a mí al rededor esperando y conversando pero yo estaba en mi nidito de paz, cerré los ojos para inspirar profundamente.
- Perdone, señorita, ¿podría decirme dónde está la residencia de chicas?- no abrí los ojos si quiera.

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