-Nina, me ofendes, pensé que te convertirías
en una chica sofisticada y de modales aquí dentro- dijo pillándome de forma
rápida y tirándose encima de mí.
Me reí, y le miré mientras me sujetaba los
brazos desde arriba, ella sonrió se quitó de encima de mí, e hizo una
reverencia como si fuese la chica con más dinero y clase que hay por aquí. Me
reí - Carla, yo soy toda una señorita- le devolví la reverencia y ella hizo
como si estuviese tomando el té.
-Sí, señorita Nina- ahí viene la imitación con
acento británico - Por favor, no sé si
usted sería tan amable como para invitarme a su palacio - levantó el meñique sujetando
un plato inventado y dando un sorbo a la nada.
-Cállate boba- rodé los ojos - Vamos.
Subimos a las gradas poco a poco, le había
enseñado un pelín de mi cárcel, nos sentamos y ella miró hacia todos los lados
curiosa -¿Qué tal las chicas?- agaché la cabeza, intentando sacar un tema de
conversación, y queriendo saber cómo estaban mis amigas por allá fuera - Ya
sabes, no sé si el mundo se ha acabado o si existen los vampiros, estoy
encerrada aquí- intenté bromear.
Se giró seria - Te echamos de menos- admitió.
-Tienes que sacarme de aquí- dije en voz baja
y con súplica, recolocándome la falda.
-Tienes que volver- coincidió.
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