Apreté su mano en señal de apoyo- ¿Ella sigue con él?
Asintió - Creo que están cerca de cumplir los diez
meses, o los once- dijo sin ánimo y jugueteando con el dobladillo de su camisa.
-J.J...
-No, está bien- dijo en un tono suave.
-J.J , escúchame - insistí - La primera a veces no es
la indica, sí es la que más marca, pero no la verdadera, la verdadera es la
última, con la que te quedas y eliges tu final. Y estaré a tu lado para ver a
la chica que eliges, que será tremendamente afortunada, y si hace falta te
ayudo a conquistarla, te empujo y te acerco a ella o os encierro para que
habléis. Yo estaré también en el final J.J, apretaré tu hombro, te cogeré de la
nuca y te echaré para delante para que vayas con ella. Y te aplaudiré mientras
te vayas.
Él sonrió débilmente y abrazó mi mano con dos de las
suyas. Negó repetidas veces, carraspeó y dijo : - Es hora de seguir jugando.
Fruncí el ceño. Claro, J.J no se iba a mostrar débil,
y menos ante mí - Está bien, prenda, por decir algo- dije sin más y me quité un
calcetín - Te toca
-Vayamos a hacer la prueba- dijo inquieto, ¿A caso le
había molestado lo de Marta?
Miré el reloj del despertador, casi las cuatro de la
mañana, le miré de nuevo y asentí . -Vamos- saltamos la ventana, ahora con un
poco más de práctica por mi parte.
-En mi residencia hay mil botes de spray - aseguró.
Simplemente asentí, callé y me dejé guiar. Entramos
dónde él citó, como dijo, no estaba para nada supervisada, muchos chicos
seguían jugando a la play y ni un profesor les prohibía hacerlo. Al lado de la
mía esta residencia parecía una fiesta.
Cruzamos el pasillo y abrió el armario común - ¿Tu
color favorito es el negro, no?- asentí. Cogió un bote y lo guardó en el
bolsillo de su pantalón. -Una prueba, es una prueba- le seguí.
Me escondí detrás del arbusto que me dijo y aparté
algunas de las hojas para ver la escena. Él caminó hasta los ladrillos, miró
hacia ambos lados, sacó el bote de su bolsillo, lo agitó de arriba a bajo y
empezó a escribir. En letras, no grandes, demasiado grandes, enormes. De vez en
cuando lo movía haciendo un ruido sordo y volvía a pintar, no tardó la gran
cosa en terminarlo y volver a mí.
-Y ya está - sonrió.
-Vale... nadie te puede decir que no tienes valor -
sonreí de vuelta para sentenciar mi decisión - Es tarde, J.J, deberías dormir,
buenas noches- le despedí con la mano.